3 Pasos Para Mantener el Autocontrol y la Motivación cuando Algo No Ha Salido Como Esperábas

3 pasos para mantener el autocontrol y la motivación cuando algo no ha salido como esperábas

 

Con demasiada frecuencia tendemos a ser duros  y exigentes con nosotros  mismos y a criticarnos severamente cuando no estamos a la altura de nuestras expectativas, creyendo o pensando que es la mejor manera de corregir nuestros errores, de rendir mejor o ser más responsables.

 

Nada más lejos de la realidad. Son numerosos los estudios que ponen de manifiesto justo lo contrario, es decir, que la autocrítica  provoca  falta de motivación y de autocontrol.

 

¿Qué cosas  te dices o piensas  de ti mismo cuando  las cosas  no salen como  tú esperabas?

 

El castigo y la autocensura que nos propiciamos de la mano de esa implacable voz interior, despiadada en algunas ocasiones, que se muestra exigente e intransigente con nuestras debilidades, equivocaciones… provoca en nosotros sentimientos de culpabilidad, vergüenza  e incluso  dolor cuando  pensamos  en lo sucedido.

 

Y precisamente esos sentimientos de culpa, vergüenza y dolor no vienen a sumar sino a restar, no dan sino que quitan, no nos hacen más grandes sino más pequeños, no nos hacen más fuertes sino más vulnerables, no nos hacen más seguros sino más inseguros.

 

Esta forma de autocrítica nos lleva a poner el foco y la atención en lo negativo, y nos introduce en una espiral que nos genera baja autoestima, aumento del estrés ante esa situación y ansiedad, 3 elementos clave para sentirse motivados y con ganas de intentar pasar de nuevo por esa experiencia y superarla con garantías de éxito, ¿verdad? Pura ironía.

 

No es casualidad por ello, que muchas veces terminemos huyendo, evitando, sintiéndonos incapaces…Como dice la psicóloga de la salud, experta en neurociencia y profesora de la Universidad de Stanford Kelly Mcgonigal “la autocrítica destruye la fuerza del haré y la del quiero”.

 

¿Y qué es entonces  lo que construye  y contribuye a nuestra fuerza del haré y la del quiero? ¿que nos proporciona mayor motivación y autocontrol cuando algo no ha salido como esperábamos? La respuesta  es la aceptación,  el saber perdonarnos  a nosotros  mismos, la autocompasión.

 

Partiendo de la premisa de que no existen errores, sino resultados distintos a los esperados, las investigaciones ponen de manifiesto que cuando eres compasivo contigo cuando obtienes un resultado distinto al que esperabas, tiendes a hacerte más responsable de él que cuando te censuras o castigas. Por tanto, es el perdón y no la culpabilidad la que nos ayuda a ser más responsables.

 

¿Y eso cómo es posible? Te puedes estar preguntando. Pues porque cuando aceptas y te perdonas  diluyes el sentimiento de vergüenza y el dolor que sientes al pensar en lo ocurrido y esa “limpieza” te pone en mejor situación para la reflexión y el aprendizaje, incluso te pone en disposición para escuchar la opinión y los consejos de los demás y a prender de la experiencia.

 

Por el contrario, cuando te censuras, te culpas, te castigas, entras en una agitación de sentimientos negativos con los cuales tendrás que lidiar, y que te alejan del aprendizaje de la experiencia en cuestión. Por ese motivo la autocensura no es una buena estrategia.

 

Por ello, te propongo 3 pasos  que te pueden ser de ayuda:

 

1.    Observa y describe cómo te sientes justo  después del fallo, observa  si te criticas  ¿Qué te dices a ti mismo?

 

2.    ¿Se te ocurre alguien a quién admires y respetes y que haya tenido fallos similares a los tuyos?

 

3.    Piensa cómo tranquilizarías a un amigo íntimo que hubiera cometido el mismo fallo ¿Cómo le animarías  a seguir  persistiendo en su objetivo?

Querer sentirnos mejor es un mecanismo de supervivencia, al igual que el instinto de huir del peligro. Por ello, es necesario encontrar una forma de sentirnos mejor con nosotros mismos. Al fin y al cabo, todos cometemos fallos, no seamos tan duros con nosotros  mismos…

 

Autor: José María Sánchez. Coach Personal y ejecutivo y de Equipos de Alto Rendimiento.

Ilustración: Santiago Camello.

 

 

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